Mensaje en una planta
miércoles, enero 26, 2005

Publicado por Lethalpixel - -



Es mi conclusión tras procesar varias noticias que he leido últimamente.
Una de ellas, en la edición digital del El Mundo reza así: La meditación forja nuevas conexiones neuronales.
Bien. Parece que una de las piedras angulares del la filosofía budista, la meditación tiene un fundamento científico. Eso se extrae de uno estudio que unos sesudos científicos americanos han hecho sobre un grupo de monjes budistas, sometiéndoles a unas pruebas de análisis de su actividad cerebral, concluyendo que sus cerebros presentan mayor actividad que el resto de los mortales en determinadas zonas, actividad derivada del ejercicio mental favorecido por la meditación.
No parece que la sociedad occidental donde nos encontramos embutidos favorezca estas actitudes vitales, con el ritmo acelerado y frenético que se nos impone y nos autoimponemos en todos los ambitos; laboral, familiar etc... Además, el tinglado mediático parece diseñado para que asimilemos contenidos de forma pasiva, de consumo rápido y nula reflexión, uff, no sigo por aquí...
Todo esto me hace recordar un par de libros del polémico (y probáblemente ficticio) Lobsang Rampa que he leido últimamente donde un completo profano al budismo tibetano (como éste que escribe) puede ver alguna pincelada de ese pensamiento y sobre todo su forma de abordar la vida procurando ser felices a base de eliminar el deseo, el ansia, la necesidad que nos provoca la frustración. En esa misma línea aparecía otra noticia que decía que otros estudios demostraban que los budistas realmente son más felices gracias a su calma, su tranquilidad y su práctica de la meditación.
A mi me gusto bastante la película de Bernardo Bertolucci El pequeño Budha donde una de las historias paralelas es la del prícipe Sidarta iniciaba su camino hacia la iluminación a traves de la meditación y la introspección... Fráncamente la recomiendo. En ella se puede ver que es una filosofía o pensamiento brutalmente práctica, de sentido común.
¿Podemos aplicarnos nosotros este cuento nosotros mismo? No lo sé. Quizás no sea fácil en la rueda donde estamos metidos. Posiblemente bastaría con cosas tan poco espirituales como no frustrarnos si este año no podemos ir de vacaciones a donde nos gustaría, si no podemos comprarnos ese coche que tanto nos gusta, etc, y sobre todo, disfrutar de aquello con lo que contamos; una reunión de amigos, un día en la montaña, una buena película, una cena, un vino...y sobre todo, ser conscientes de que estamos vivos.



Hoy quisiera juntar unas cuantas palabras hablando de cine, pero no será sobre los estrenos que han aparecido en las últimas fechas en la cartelera sino de un cine que ya no tiene edad, que está ahí como patrimonio de todos, obra de un maestro del cine: Francois Truffaut.
Realmente no me considero un gran aficionado al cine, y por tanto, mucho menos entendido. Sospecho que es probable que fuera incapaz de enumerar toda la filmografía de este director francés que los estudiosos del celuloide encuadran dentro de la nouvelle vague.
Quiero hablar de una serie de películas que descubrí hace unos años casi por casualidad, haciendo zapping y cayendo en la cadena de televisión Arte, concrétamente 5 películas donde Truffaut nos narra la vida de su querido personaje Antoine Doinel. Las películas a las que me refiero son: Los 400 golpes (a los que Aute se refiere en su cancion Cine, cine, cine...), El amor a los 20 años, Besos robados, Domicilio conyugal y L'amour en fuite (desconozco la traducción).
He de decir que de estas 5 películas, solo he podido ver la 1ª, la 3ª y la 4ª de la lista, pero han sido suficientes para ver que nos encontramos ante grandes películas y un gran artista detrás de la cámara.
No os aburriré contando la historia de Antoine Doinel (Jean Pierre Lelaud), pero únicamente diré que es una maravilla ver como Truffaut sigue a un personaje con una vida difícil en sus comienzos, lo cual le hace converirse en un ser cínico, siempre a caballo entre el amor limpio e inocente de Christine (Claude Jade) y las distintas mujeres que se cruzan a su paso.
Dejo estas líneas simplemente como enganche para aquellos que queráis unas películas que os harán pasar un buen rato ante la pantalla.


De nuevo este año, y ya es el segundo para mí, me dispuse a participar en la famosa carrera San Silvestre Vallecana que se disputa en Madrid cada 31 de Diciembre.
Como corredor aficionado pienso que ésta es una cita ineludible para todos aquellos que disfrutan de correr dentro de un ambiente festivo y navideño como el que se da en esta prueba. Tampoco es mala ocasión para que aquellos que quieran experimentar por primera vez lo que es una prueba sobre un recorrido de 10 Km. homologados y con cronometraje electrónico mediante chip puedan ponerse a prueba y ver donde tienen fijados sus límites.
Este año se añadía el aliciente de que se ha batido el record de participación en la prueba, con el tope de atletas inscritos fijados por la organización en 15.000, número que se alcanzó una semana antes del plazo fijado para la inscripción. Dicha participación se correspondió con una perfecta organización de la prueba, con gran apoyo por parte de los patrocinadores, tales como Nike, Philips, Gatorade, etc, etc... (que me disculpen los que me dejo en el tintero).
Me presenté en el lugar de la prueba aproximadamente una hora antes del pistoletazo de salida, para ver el ambiente que había por la zona. Poco a poco iba viniendo más y más gente, todos, o casi todos con la camiseta roja con el dorsal serigrafiado que identificaba a todos los corredores inscritos. Al mismo tiempo, una banda tocaba en el escenario de la Plaza de la República Argentina amenizando la espera a los atletas.

Otros aprovechaban para tomar una bebida isotónica para estar así bien hidratados en el momento de iniciar la carrera de 10 Km. que nos llevaría al corazon de Vallecas.
De esta forma, poco a poco nos íbamos agolpando en la calle Serrano, listos para iniciar la competición, con unos minutos de espera, previos al pistoletazo de salida salpicado por anécdotas como la forma de entretenerse de algunos participantes, que se dedicaron a emular a los famosos castellers catalanes.

La prueba popular se iniciaría en dos tandas. Una, para aquellos con un tiempo acreditado menor a 45 minutos en esa distancia, y cuatro minutos después para el resto de los participantes.
Personalmente puedo decir que este año he sentido mas "calor" y ánimos por parte del público que se ancontraba en las márgenes de calles como Serrano, Av. Ciudad de Barcelona o Paseo de Recoletos que el año anterior. Quizás la mayor repercusión en los medios de comunicación haya tenido su papel...
Después, cada cual hizo su carrera, con más o menos sufrimiento, con más o menos afán de superación, pero lo que sí quedó claro que eso era deporte en estado puro, deporte por el placer de practicarlo, en compañía de más gente como si de una fiesta se tratara. Toda una lección para una ciudad que suena con ser olímpica.